La caída de las inmobiliarias
EDITORIAL - ABC
LA fuerte corrección en Bolsa de uno de los «valores estrella» en el sector inmobiliario, Astroc -que ha perdido dos tercios de su valor en apenas un mes, tras su desplome en las últimas sesiones bursátiles-, ha terminado por contagiar a otras empresas del sector y arrastrar en la caída a toda la Bolsa, que ayer retrocedió un 2,73 por ciento, cerrando por debajo de los 14.500 puntos tras su cercana cota de los 15.000. La crisis puede extenderse a otros sectores a los que han llegado las inversiones de un vertiginoso sector inmobiliario, desde las eléctricas a la banca, y que además puede acelerar el final de un largo ciclo de continuas revalorizaciones en los precios inmobiliarios y de las propias empresas del sector, que atrajo dinero caliente claramente especulativo.
Entre las causas de este acusado derrumbe figura, en primer lugar, la sobrevaloración en los precios de los títulos de algunas empresas, a la que ha contribuido poderosamente la irrupción en su accionariado de inversores institucionales y de particulares de renombre que dispararon, en breve plazo, el precio de la acción. Tampoco son ajenas las constantes operaciones corporativas en este sector, algunas de ellas todavía en ejecución, y las consiguientes luchas por el control de algunas empresas que encarecían artificialmente su valor. Por todo ello, estas últimas bajadas han provocado miedo entre muchos inversores, a cuya huida ha contribuido asimismo el anunciado final de este prolongado ciclo de crecimiento inmobiliario, con subidas en el precio de las viviendas del 150 por ciento en los últimos ocho años, ya parcialmente corregidas según los últimos datos, que subrayan un crecimiento actual en el entorno del 8 por ciento - aún así, tres veces por encima de la inflación-. Este porcentaje podría moderarse en el futuro a la par que se aminora el ritmo de construcción de viviendas, que caerá hasta el entorno del medio millón anual desde una media de unas ochocientas mil de los últimos diez años. En este aterrizaje del boom inmobiliario, hasta ahora suave, y por el que apuestan la mayoría de analistas y expertos económicos, ha influido claramente la subida en los tipos de interés, que parece que seguirá adelante y cuyos bajos niveles impulsaron fuertemente la compra de vivienda.
Todas estas razones, junto al escaso conocimiento de algunas de las empresas cotizadas, han provocado estos fuertes ajustes en la Bolsa, que han arrastrado indiscriminadamente en su caída a otras inmobiliarias, aunque no todas hayan registrado las mismas revalorizaciones, ni sean iguales sus balances, ni sus estrategias o sus ciclos, netamente distintos según se dediquen preferentemente a la promoción de viviendas, a la rotación rápida de activos o a la explotación de su patrimonio. El problema es que -aunque resulte injusto- los ajustes bursátiles, cuando se desatan los nervios, no distinguen entre el trigo y la paja.
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